Con la velocidad abismante con la que avanza la tecnología —y la Inteligencia Artificial en particular— es completamente natural que tus cercanos sientan miedo. Que piensen que sus empleos están en riesgo. Lo venimos viendo hace tiempo.
Recuerdo cuando les dije a mis padres que las personas que trabajaban en las cajas de los supermercados iban a desaparecer. Les costaba creerlo. Quizás para muchos fue un cambio que llegó lento, pero que hoy se siente más acelerado. Todo es tan fugaz en esta era.
Yo creo firmemente en teorías como la de Elon Musk y otros, que afirman que simplemente dejaremos de trabajar, que gran parte del sistema se moverá por robots, visión artificial e IA en general. ¿Suena aterrador? Puede. Pero no lo menciono para asustarlos.
Lo menciono para concientizarlos.
Para que eso ocurra, tienen que pasar muchas cosas primero. Entre ellas, que los cambios no sean abruptos, que se legisle correctamente y que los procesos sean graduales. Y eso ya está ocurriendo: en Chile, por ejemplo, ya existen proyectos de ley al respecto e incluso se ha conformado la Cámara Chilena de Inteligencia Artificial. Son señales claras de que hay preocupación, y de que hay personas trabajando en respuestas.
Así que me atrevo a darles tranquilidad: para cuando lo que predijo Elon Musk se haga realidad, pasarán varios años. Y es probable que quienes estén leyendo esto ni siquiera estén en este plano para verlo.
Así que por ahora, respira.